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22 ago 2011

Crisis y oportunidad


Mientras cursaba la universidad fue cuando más consciente estaba de cambios en mi comportamiento que no se ajustaban a los parámetros tradicionales de un hombre, tenía poco más de 20 años y ya desde entonces había comenzado a interesarme por diferentes disciplinas de carácter espiritual. No profundizaba mucho en ellas, pero buscaba la manera de aplicarlas en mi vida cotidiana, entre lo que escuchaba de ellas estaba el uso del sexo y la doble moral que existía entre algunos de los maestros o guías que me tocaban. Ellos decían que el sexo era una manera de gastar la energía, que tendríamos que aprender a guardarla. Pero llegue a conocerlos como hombres y no como seres divinos pues, mientras transmitían estas enseñanzas, en su vida privada la ejercían de muy distintas formas, ya fuera con culpa o con abuso. Para mí no demeritaba sus enseñanzas, uno puede saber mucho y transmitir adecuadamente ese conocimiento, pero pocos son congruentes ante él. Aprendía lo que debía tanto aquello que se podía imitar y lo que no.

Los temas espirituales me daban una oportunidad de enriquecer mi vida sin necesidad del sexo o una compañía estable, para entonces mis relaciones sexuales se contaban con el dedo de una mano y mi relación de pareja más larga había sido de poco más de un año, aunque hubiera preferido terminarla 6 meses antes, pero no sabía cómo hacerlo. Nunca he sabido terminar una relación por ser infiel, o al revés, ser infiel para terminar una relación, creo que lo que más he disfrutado en ese sentido es el saber que tengo la libertad para volver a estar conmigo sin que me acompañe alguien.

Mi relación más larga se había dado con una chica 4 años más pequeña que yo. Para entonces mi nivel autoestima se reflejaba en mis relaciones de pareja por lo que buscaba no tenerlas para no mostrar el estado de soledad e inseguridad en que me encontraba. En otras acciones y en otros terrenos, académico, espiritual o familiar, podía mostrarme muy seguro pues no comprometía ni exponía en ningún momento mis emociones o sentimientos, ni siquiera para mí mismo, así pasaron más de 3 años sin que yo tuviera una pareja sin que, aparentemente, tampoco lo necesitara. El día que note el tiempo que había pasado desde mi última relación fue una impresión muy fuerte. Ese día hice algo que nunca pensé hacer. Muchas veces he notado que, principalmente en las mujeres, se dan los comentarios en que se expresa que, si no encuentran pareja se convertirían en lesbianas; por el contrario en muy pocas y contadas ocasiones he escuchado decir que un hombre, si no encuentra pareja, se convertiría en gay. Supongo que nuestra costumbre cultural ante la figura masculina da pie a que esto no se hable. Sin embargo son muchos los casos que llegue a escuchar y, en ocasiones a ver, de un hombre que en estado de ebriedad podía caer en una homosexualidad, reprimida u ocasional, ante algún amigo o conocido cercano a él. El día que hice consciencia que llevaba 3 años solo un primo, que en ese momento vivía su vida como gay (actualmente es bisexual), me invito a que lo acompañara a ver a su novio en un antro de la zona rosa. Nunca había ido a uno y necesitaba recuperarme del shock que vivía, así que accedí.

Así como lo describí en la entrada anterior cuando una amiga necesitaba sentirse atraída por un hombre para reafirmar su seguridad y saber que podría rehacer su vida, la noche que acompañe a mi primo yo necesitaba algo similar, aunque no sabía que lo estaba buscando. Esto también he visto que le sucede a muchos hombres reafirman su personalidad, o masculinidad, a través de tener muchas relaciones, cuando a veces lo que necesitamos es solo una para entender hacía donde podemos ir, bastaría con que encontráramos una sola experiencia que nos hiciera sentir vivo para darle un nuevo sentido a nuestras vidas, una experiencia cumbre que nos permitiera retomar nuestra vida. Esa noche la viví, aunque no sabía que la necesitará.

Esa noche explore la parte homosexual que existe en cada uno de nosotros, no sabía que fuera capaz de atraer a un hombre por que nunca lo había considerado, hasta mi primo estaba sorprendido pues tampoco lo esperaba de mi. Necesitaba conocer y llegar hasta una parte de mí que nunca había considerado para continuar con mi vida. Además de la conquista ocasional, (la primera que tenía en mi vida, por cierto) que tuve con un hombre, que se ocultaba en el nombre y vestimenta de mujer vino acompañada a la par de una mujer que me pedía, sutilmente, estar con ella para darle celos a un hombre al que amaba y que era gay. Nunca me había sentido tan solicitado como esa noche. Sabía, por lo que había aprendido y conocido previamente, que cada uno de nosotros carga una energía masculina y femenina y que somos capaces de expresarla como la necesitemos, que se manifiesta, también, en deseos y atracciones sexuales pero nunca lo había experimentado. Esa noche descubría que la homosexualidad si, estaba presente en cada uno de nosotros, pero que no todos queremos o podemos expresarla, es una elección que tenemos como parte de nuestra vida. La conocí, la disfrute pero no la adopte.

Me parece que, a partir de ese día, mi concepto de pareja cambio. Descubrí que todo aquello por lo que sufren los heterosexuales en sus relaciones de pareja, son las mismas razones por las que sufren los homosexuales, los mismos juegos de poder y los mismos estereotipos de pareja que nuestra sociedad nos ha enseñado.

Comencé un nuevo tipo de relación distinta de pareja y fue entonces que descubrí que, así como en algunas mujeres existe un comportamiento de “princesa de cuento de hadas que desea ser rescatada”, en los hombres existe lo que yo llame, el “síndrome del príncipe valiente”.

10 ago 2011

Sexualidad Masculina

Ahora que he escrito sobre la infidelidad masculina no pude evitar reflexionar sobre lo que es la sexualidad masculina ¿Cómo se expresa?

Seguramente muchas mujeres han notado que existen hombres que para acercarse a ellas comienzan a “molestarlas” u hostigarlas de maneras ya sea sutiles o, a veces, de modos más agresivas. Esta figura va desde el hombre que molesta a la compañera de clase o de oficina haciéndole bromas o comentarios que hacen incomodarla hasta aquellos hombres que terminan estos actos en abusos físicos o sexuales. ¿Qué tienen en común ambas figuras?

El instinto sexual masculino lleva consigo una parte instintiva, pensemos en la sexualidad de algunos animales machos. Para copular con la hembra algunos de ellos pasan por un proceso de agresión con el fin de poder someterla, dicho proceso, cuando se es visto desde fuera, es decir, desde nuestra perspectiva racional, lo describimos y percibimos como algo violento. En ocasiones los delfines machos para al buscar la copula comienzan mordiendo a la hembra, caso muy similar al de los gatos quienes muerden por detrás de la cabeza con el fin de someter a la hembra.

Quizás no era necesario que yo volviera a hacer la comparación del instinto animal sobre el instinto sexual masculino pues, en ocasiones, esto en ocasiones se llega a utilizar de modo sexistas pero nos sirve para entender parte del comportamiento masculino.

El hombre sigue teniendo esa parte de instinto animal, pese a que sea un ser racional. Sé que pueden decir que hay quienes no lo expresan. Dentro del reino animal encontramos que existen algunos machos que compiten entre ellos ya sea por una hembra (o por varias) y por ser los líderes de un grupo o manada. Podríamos equiparar esto no solo a los hombres que para mostrar sin interés por una mujer están dispuestos a pelear con otro o a aquellos que en un grupo de amigos juegan de manera agresiva sin, aparentemente lastimarse. Pensemos en una situación más racional y que también está ligada a lo sexual.

Cuando un grupo de amigos se reúne, si alguien saca a la luz el tema de las mujeres pareciera que se entra en una sutil competencia donde se pode de manifiesto el número de conquistas, la calidad de relaciones sexuales o la experiencia en ese mismo terreno. Pareciera que nuestra capacidad racional transformo estas costumbres de competencia en un terreno más verbal. De existir en la naturaleza en aspectos físicos en las sociedades lo vivimos en el terreno de la palabra, es decir, aplicamos nuestra parte racional.

Por otro lado, cuando un hombre en vez de intentar acercarse a la mujer de manera agresiva lo hace de una manera más sutil, vuelve al terreno de la palabra. Hace promesas que puede o no cumplir, exagera situaciones con el fin de presentarse como ese hombre o macho que amerita o conquistará  el amor de esa pareja. Si, el hombre maneja un instinto sexual de la misma manera que ocurre en otras especies del reino animal.

Hablar del tema del instinto sexual es caer en un lugar común al comparar a los seres humanos machos con los de cualquier otra especie, lo sé. Sin embargo es una manera interesante de comenzar a hablar sobre este tema. El instinto es la parte más conectada a nuestra esencia animal, no podemos evitarla y negarla, existe en nosotros y podemos aprender a manejarla.

¿En qué otros aspectos consideran que el hombre expresa su instinto animal? ¿Consideran que en algunos hombres ha cambiado su comportamiento instintivo?

27 jul 2011

El hombre que fingía orgasmos

Recuerdo haber visto la película de “Sexo, pudor y lagrimas”, donde uno de los protagonistas dice, en palabras no textuales, que eyacular es como limpiarse la nariz. La eyaculación es el modo por el cual se “identifica” el orgasmo masculino, tanto por las sensaciones como por las reacciones que el cuerpo manifiesta.

El hombre al estar listo para la acción “en cualquier momento” es más fácil que se deje llevar por las sensaciones que su cuerpo expresa y los hombres no siempre sabemos que estas se pueden prolongar, retrasar y, por ende, incrementar.

Cuando un hombre solamente “hace lo que tiene que hacer”, es decir, eyacular; entonces se puede topar con algo que, también, puede llegar a ser común, un falso orgasmo femenino. En ocasiones pareciera que los hombres damos por entendido que si uno gozo su pareja también y esto no siempre es así ya que la mujer tiende a llegar más lentamente al orgasmo que el hombre. ¿Puede ocurrir de una manera inversa, que el hombre pueda fingir un orgasmo? Al menos yo si lo he hecho, por lo que puedo decirles que sí, es posible.
En ocasiones me aburre el hecho de que yo deba de tener la iniciativa para tener sexo, por lo que, a veces, me he sentido obligado a caer en esa iniciativa, quizás porque mis parejas han sido muy pasivas o porque yo he perdido el interés muy rápido. En cualquiera de ambos casos descubrí que era capaz de producir placer en mi pareja sin yo haber terminado o llegado a ese mismo punto.

He aprendido que cuando uno no logra excitar o excitarse con su pareja es símbolo de que algo no anda bien. Esperar a que las cosas cambien sin trabajar en ello es solo una utopía. Que un hombre finja orgasmos solo para mantener su relación o que la mujer deba de hacerlo con el mismo fin, muestra la necesidad de un cambio. La frustración que queda en quien finge no favorece en nada en la relación, más si esta nunca se expresa.

¿Por qué fingiría un hombre? Por quedar bien con su pareja, porque no se puede negar pues su rol de género le ha indicado que “así tiene que ser”, porque no sabe decir que no.

Cuando he fingido estoy consciente de ello y las reacciones que mi cuerpo me indica no terminan de satisfacerme. Aunque esto también me ha llegado a suceder aun cuando eyaculo. Valga la comparación, pero es como si uno saciara su apetito con lo primero que encuentra y no con lo que realmente desea. En ese sentido los hombres estamos acostumbrados a no ser selectivos; por cultura, tomamos las primeras opciones que nos llegan, además de que nuestros ritos de paso, en cuanto a lo sexual se refiere, suelen ser poco aleccionadores y si, algunas veces agresivos.

Satisfacer nuestros deseos no es la única meta de una relación sexual, como tampoco lo es la reproducción. Considero que, lo que aquí expongo, si bien es algo que anteriormente me ha pasado, hay algunos hombres que pueden manifestarlo de otra manera, dejando su goce de lado y alimentando solamente su ego. Creo que hay más de un hombre que lo finge y cree que solo con terminar eyaculando ya lo alcanzó.

Si hay algo que también he aprendido es a tener un orgasmo más allá de la región genital, una sensación que realmente te envuelve y te lleva a límites que no conoces, sin poderlo describir claramente, una muerte chiquita, pues.

¿Qué me ha llevado a fingir un orgasmo? En parte la manera en que se me ha pedido tener relaciones, me cuenta trabajo identificarme con el rol de hombre pues no lo siento mío y, si se me impone, sé que puedo llevarlo a cabo, pero a disgusto. Desconozco cuantos hombres sean capaces de fingir uno conscientemente, podría teorizar que hay varios que lo pueden hacer aunque no sean conscientes de ello, pero, en este momento, no tengo modo de cómo comprobarlo, hablar de ello no nos está permitido, no estamos acostumbrados a tener una educación sexual para realmente tener encuentros satisfactorios para ambas partes. Por eso, desde el anonimato yo lo hago. Al final este es solo mi espacio de expresión personal.

¿Creen que existan hombres que finjan sus orgasmos?