21 jul. 2012

Principio y Fin

En las últimas semanas y meses he comenzado una reflexión profunda de la manera en que me relaciono con mis parejas, tratando de pensar en las diferentes personas con las que he vivido y mis experiencias de noviazgo, relaciones pasajeras y ocasionales. Lo primero que noto es lo que hago en cualquier relación cuando se trata de comenzar a cortejar, ligar o tratar de andar con una mujer. Esto es lo que mas me ha movido.


Esta parte de conquistar a una persona es de las más tradicionales que podemos tener, se trata del momento en que decidimos aceptar o no a la pareja en ciernes. En palabras simples, desde lo que yo he vivido, se trata del momento en que uno tiene que quedar bien con el otro, donde el hombre, a través de halagos y atenciones, nos hacemos merecedores (por no decir que nos “ganamos”) la oportunidad de ser la pareja de una persona. Se trata del periodo de tiempo en que quedamos bien con ella, con la familia, con los amigos, no es gratuito que en muchos casos los hombres cambien después del noviazgo. Esta etapa hace que el hombre no se muestre tal cual es, muestra una faceta que, quizás, no es la suya y no corresponde del todo a su realidad, pero se permite sacarla con tal de alcanzar su objetivo, porque, tanto en la guerra cómo en el amor, todo se vale, ¿o no?
Si un hombre finge algunas cosas en el noviazgo, es natural que estas se empiecen a notar, los tiempos que nos gustan pasar con nuestras amistades, las decisiones que tomamos y que en muchas ocasiones lastiman a nuestras parejas, todo aquello que, a veces pensamos, se acabara cuando la relación cambie a algo más formal. Cuando uno finge lo que no es, lo más natural es que esto que deseamos que cambie no haga más que evidenciar más las diferencias que entre la pareja puede haber.
Cómo la convivencia en el noviazgo no es tan continua como cuando la relación se formaliza, haya o no boda, simplemente cuando ambos se encuentran viviendo en el mismo techo; entonces todo es mas notorio. Los hombres podemos generar diferentes justificaciones entorno a esta situación, pero lo más simple y que no siempre queremos notar es que nunca somos nosotros mismos, seguimos patrones y reglas que nos dicen lo que debemos de hacer para conquistar a alguien, incluso ese nombre, conquistar, ya implica un peso enorme, un juego de poder donde el que gana obtiene el premio, donde el hombre, ese cazador arquetípico que esta en constante lucha, sale y se posiciona en la competencia donde tiene que ganar y obtener su presa. La parte más instintiva del hombre en su expresión, misma que provoca celos, pues cómo es posible que exista un mejor cazador que uno mismo. Cuando todo es tan simple, dejamos de ser nosotros y adoptamos el arquetipo perdido en la sociedad.
Si dejáramos de competir, si decidiéramos no demostrar nada a nadie, nuestras relaciones no comenzarían de una manera tan idílica, con tantas expectativas, se basarían en cosas más concretas en realidades más tangibles tanto para nosotros cómo para las mujeres, incluso nos permitiría, a ambas artes, decidir si queremos o no continuar con una relación.
En lo personal he accedido mucho a mis parejas, cedo demasiado terreno y, en la mayoría de los casos, me dejo llevar por completo por lo que ellas desean de una pareja y busco convertirme en la pareja ideal que ellas siempre han querido, entiendo también por que lo hago, no es solamente responder a una conquista o a establecer una relación, reflejo mi miedo a estar solo, mi necesidad de tener una compañía y, para no perderla, hago todo lo que sea necesario para mantenerla siempre conmigo, aunque después ya no la quiera pues descubro que ellas (mis parejas) son dependientes y muy apegadas a mi, lo cual me incomoda. Por mucho tiempo me pregunte por que elegía parejas así, hasta que, recientemente, me di cuenta que también yo provocaba esa actitud, no es solamente ellas. Dice un dicho que siempre hay un roto para un descosido, siempre hay alguien que quiere ser rescatado y salvado y alguien que esta dispuesto a salvar y rescatar, ese ha sido mi caso, siempre busco a quien salvar, por que yo tengo la necesidad de ser salvado y, cuando me doy cuenta que sigo perdido, pues deje de ser yo mismo, entonces la relación no me satisface.
Darme cuenta de esto sería más sencillo si no tuviera pareja, pues entonces podría comenzar de cero en la siguiente relación, dejaría de fingir para conquistar a alguien, evitaría tratar de mostrar que soy lo que la otra persona busca y necesita. Si, a veces se trata de un camino mas egoísta, pues se trata de decir soy así y quiero saber si eres capaz de aceptarme, no cambiarme, sino de aceptar que puedo ser de esta manera, y, dentro de mis virtudes y defectos, encontrar puntos de acuerdo en que podamos desarrollarnos, no limitarnos, solo dialogar y encontrar puntos en común. Pero estando en pareja solamente ha logrado mostrarme lo que he hecho en mi relación y porque termino actuando así.
Creo que tengo una visión muy impulsiva de mi egoismo, me dejo llevar mucho por instintos, es decir, por cosas que en un momento me interesan y trato de vivirlas, aunque también conozco limites y normas sociales. Si, he sido infiel y me he dejado llevar por esos instintos, pero no de la manera promiscua y liberal que otros hombres tienen cómo su modus vivendis, incluso mis instintos, de unos años para acá, son selectivos, no me dejo llevar fácilmente por algo, sin embargo no dejo de ser impulsivo. Ese es mi lado más egoísta y que, lamentablemente no siempre han visto mis parejas. Todo porque trato de satisfacerlas a ellas antes que a mi, me ha faltado encontrar este diálogo de decir, si, soy así, pero tu y yo podemos vivir o hacer esto.
Por eso es bueno conocer a la pareja primero antes de contemplar hacer cualquier cambio importante en nuestra vida, pero siendo un hombre que la mayor parte de sus relaciones las comenzó de manera impulsiva, pues siempre la relación iniciaba el mismo día que nos conocíamos, todo por mi apuro y necesidad de no estar sólo. Definitivamente hay cosas que debo acomodar para volver a ser yo.
De manera general, los hombres tenemos que quitarnos de nuestro comportamiento cómo parejas esa parte inconsciente que habla de la competencia para conquistar. No se trata de que, cada vez que veamos una chica que nos interesa, ella tenga que caer rendida ante nuestros pies, ya sea de manera inmediata o pasado un tiempo. ¡No somos Mauricio Garcés, ni Casanova, ni ningún actor, personaje de películas, series o telenovelas!
Una pareja es eso, algo parejo, algo equitativo, no algo que los hombres o mujeres logramos conquistar u obtener, es algo que construimos en conjunto, es una pieza de arte que vamos construyendo a cuatro manos, cada uno con una técnica diferentes pero buscamos que sea lo que ambos queremos, o lo que ambos podemos construir, sin saber bien que es, pero no es, de ninguna manera imponer lo que queremos que haga el otro, ni ceder ante todo lo que el otro nos dice que hagamos.
Gracias a este blog y todas las experiencias que se han dado, dentro y fuera de la web a partir de su escritura es que he tomado una decisión.
Desde que este blog fue descubierto por mi pareja, no me he sentido con la seguridad o confianza de seguirlos escribiendo, y he tomado la decisión de cerrarlo. Pesé a esto, considero que algunas de las cosas que he expresado en este espacio pueden ser de utilidad, ya sea para que algún hombre se identifique, lo cual, al momento, desconozco si ha sucedido, ningún hombre me ha comentado nada, o para que las mujeres puedan entender un poco más a sus parejas, lo cual he visto que es lo que más sucede. Sin embargo, ninguno de estos dos motivos fueron los que me llevaron a escribir estas líneas, no fue por eso que lo inicié, sin embargo se me hace una razón muy buena para continuar con este trabajo, pero ya no aquí.
Si, cierro este blog, esperando poder convertir estos textos en un libro sobre masculinidad, razón por la cual me daré el tiempo para ampliarlos, pulirlos y desarrollar más los temas. Es probable que este trabajo al final de solamente una visión parcial de lo amplio y complejo que puede ser el tema de las masculinidades, pero quiero que sea algo propio, que me sirva a mi en este proceso personal en el que me encuentro donde, sino escribo lo que pienso, tampoco podré tener una visión clara de lo que me esta sucediendo. Que haré con él, donde lo publicaré, quien se interesará, no tengo ni la más remota idea, no es algo que me preocupe en estos momentos. Ya encontraré el camino.
Agradezco a todas aquellas personas que han estado interesadas por el blog, a las que me han preguntado, a las que le han dado seguimiento, creanme, yo soy el primer interesado, al menos ahora, de que esto continúe. Hubo unas semanas en que pensé que ya no continuara, pero he tomado la decisión de seguir, aunque ya de otro manera y con otro fin. Tengo plena confianza en que esto tendrá un buen término.
Se despide, de este blog, el Hombre al Aire. Nos seguimos leyendo en Twitter.