22 sept. 2011

¿Amistad entre hombres y mujeres?

Hace unos días tuve una discusión con mi pareja a causa de una amiga que tengo pero, antes de continuar les cuento un poco de donde viene esto.

Cuando inicie mi relación con mi pareja actual yo me encontraba viviendo al norte de la república y ella al sur del continente, así que empezamos una relación virtual, gracias a que teníamos cerca de 7 años de que nos habíamos conocido. Mientras ella estaba en otro país en mi ciudad me dedique a apoyar a alguien que conocí en un curso de desarrollo humano que yo impartía, vi en ella el potencial que no estaba explotando y me di a la tarea de querer ayudar a despertarlo. Esto hizo que yo me confundiera en mi relación y que pensara que había encontrado a otra persona. En las peores circunstancias termine la relación, cuando ella necesitaba apoyo para el cambio de país y su llegada a México fue cuando me aleje. Lo hice también de la otra persona, cometí un error y lo reconocí. Tarde 3 meses en encontrar la manera de corregir lo que había sucedido, pero afortunadamente lo logre.

Comencé a dar clases y de ahí conocí a una chica a la que empece a tratar como paciente, note que la relación iba cambiando, lo noto mi pareja y en una terapia en conjunto se opto por dejar clara esa relación, por lo que quien fuera mi paciente se convirtió en mi amiga, de esas amistades que uno ve de vez en cuando, no continuamente. Después de ese momento y en otra terapia me percaté de un es quema que suelo presentar. Me muestro muy amigable, protector y comprensivo sobre todo con mujeres vulnerables ya que busco engancharme con ellas por la falta de cariño. Me conecto y me engancho a quienes buscan algo similar. El detalle con eso es que, si bien es algo que hago seguido, si mantengo ese mismo comportamiento por mucho tiempo me aburro incluso, a veces, me llego a desesperar y a dar por terminada la relación.

Platicando esta situación con mi terapeuta llegue a la conclusión de que quería cambiar esa postura y trabajamos en ello, la última persona con la que lo había aplicado era con la reciente ex-paciente, ahora amiga. Pasaron 3 meses sin que tuviera mucho contacto con ella, cuando necesite que me hiciera un favor y nos vimos algunos minutos. Cuando mi pareja actual se entero pensó lo peor de nosotros, experiencia que nos llevo a comunicarnos, dejar claro esta situación y que ayudo a que mi pareja descubriera un nuevo tema que trabajar y ami la necesidad de reforzar con todas mis relaciones esa idea de cambio de comportamiento y no atarme solo por la necesidad de afecto.

Una de las cosas que platicamos durante esta experiencia fue que mi pareja no cree que puedan existir amistades entre hombres y mujeres, de mi parte considero que si. Si, creo que en una amistad existe cierto grado de atracción, pero creo que también esa atracción no necesariamente terminará en un impulso, ¿de qué depende? Desde mi perspectiva es cuestión de enfocarlo. Si, tanto hombres como mujeres (principalmente los hombres) nos podemos dejar llevar por nuestros impulsos cuando estos no han sido educados o restringidos y se enfatiza mas en los hombres por que es a los que la sociedad educa para que a así los exprese. 

Creo que si puede existir amistades entre hombres y mujeres. Las personas en las que más confío y con quienes hablo más de mi son, principalmente mujeres. Se lo que me llevo a entrar en contacto con ellas, pero busco una amiga no una madre que me proteja, por eso con ninguna de ellas no tengo, ni busco una relación de pareja.

¿Creen que pueda existir amistad entre ambos sexos? ¿Creen qué sólo los hombres nos acercamos a las más mujeres por esa necesidad de afecto que tenemos?

5 sept. 2011

Mi madre


Cuando inicie mi desarrollo espiritual siempre lo relacione con filosofías y movimientos que se relacionaban con la figura de la Diosa madre. Buscaba enaltecer mi lado femenino, trabajarlo, honrarlo. Pasaron algunos años cuando entendí de donde venía esta búsqueda por lo femenino y por la cual me aleje de conceptos masculinos.

De niño mi madre no vivió con nosotros. Tenía diez días de haber cumplido los diecinueve años cuando yo nací. Mi padre, en ese momento, tenía 12 años más que ella. Fue difícil que un adulto pudiera estar con alguien tan joven y más cuando ella pierde, en menos de un año, a su madre/abuela y a sus dos hermanos mayores; la relación no duro mucho.

De niño la ausencia de mi madre busco ser compensadas con varias tías y con mi abuela, pero si, en más de una ocasión me hacía falta su presencia. No fue sino hasta los doce años que volví a tener un contacto más continuo y, por fin, a los trece años, regresé a vivir con ella. Cuando estuve haciendo una serie de recapitulaciones de mi vida entendí el proceso que me llevo a conectarme con mi lado espiritual desde lo femenino: la ausencia de mi madre. Esto aparenta tener todo un contexto freudiano, así como muchas relaciones de los hombres, y considero que si lo tiene aunque no en los conceptos del psicoanálisis más ortodoxo.

Todos los hombres nos relacionamos con las mujeres tomando como referente la interacción con nuestra madre. Aunque es costumbre que sea ella quién nos educa en casa y quién nos transmite toda la información cultural; (incluso, dicen, aquella relacionada con el machismo) hay ocasiones en que esto no se cumple del todo, pues nosotros también aprendemos de lo que observamos.

Se podría haber pensado que yo debería tener rasgos más machistas por el hecho de vivir solamente con un hombre pero, aparentemente no fue del todo así. Quizás fueron las filosofías y prácticas en las que estuve involucrado las que ayudaron a alejarme de ello, pero creo que si influyo el no tener presente a mi madre.

Recuerdo que mi padre, cuando era niño, me hablaba de mi madre pidiéndome que no la olvidara que ella me quería y que nadie podía sustituirla. Nunca he escuchado que hable mal de ella o de cualquier otra mujer, con excepción de algunas de sus hermanas, pero eso es por conflictos entre ellos, el asunto es que siempre considere que si hubo alguien que me ayudo a relacionarme con las mujeres fue mi padre y si, buscaba tener contacto con mi madre a través de las figuras maternas espirituales a las que honraba. Mientras yo buscaba hacer rituales y ceremonia a la madre tierra, algunos de mis amigos, o conocidos, iban de cama en cama o de faje en faje, buscando sustituir esa falta de amor materno.

Siempre nos hace falta esa interacción con la madre, si. En ocasiones la sustituimos con nuestras relaciones o con nuestras costumbres pero al final la prolongamos hacía nuestras parejas, sean estables o efímeras. Es por esto que, muchas veces, un hombre busca a una mujer que sea su nueva mamá. Llego un momento en que entendí esta parte en mi vida, como la usaba, como se aplicaba en mis relaciones y decidí no tener parejas durante un tiempo. Tenía miedo de repetir patrones culturales hasta que entendí que uno puede hacer algo distinto con ellos.

MI padre y mi madre, con sus herramientas y como mejor pudieron, construyeron una moneda con dos caras, la masculina y la femenina. A veces me inclino hacía una o hacía otra, pero ambas viven en mi. Si, la falta de amor materno me hizo siempre inclinarme más a la femenina, pero existe la otra, la masculina, tanto por educación en casa como aprendizaje cultural y es con ella con quien me quiero reconciliar para poder ser un hombre nuevo. Aunque, creo, desde ahjora he comenzado a hacerlo, ¿Ustedes que creen?

Hace tiempo leí en un libro que nuestra mundo cambiaría hacía una sociedad más cooperativa que permitiera el equilibrio, desarrollo e interacción de ambos géneros de una manera más equilibrada. Dicho libro decía que era un proceso que ya había vivido la humanidad y, por ende, era capaz de repetirlo. El libro se llama “El caliz y la espada” de Rianne Eisler ¿Lo han leído?

1 sept. 2011

Mi padre


La educación de cada uno de nosotros comienza en casa, a partir del núcleo familiar es que podemos repetir patrones culturales que vienen establecidos de tiempo atrás. El machismo, forjado en la estructura patriarcal de nuestra sociedad occidental, no es la excepción de esta regla. Lo recibimos por nuestros padres, algunos pueden decir que es la madre quien lo transmite y lo preserva, la realidad es que lo hacen ambos. De niño, uno necesita la figura paternal, representada por el padre, el tío, el abuelo, o quien sea, tanto como la figura maternal con la madre, la tía, la abuela, en fin.

En mi caso, no se si fue la ausencia de mi madre la que provoco que no tuviera una imagen clara de cómo tenía que comportarse un hombre o bien, que mi padre venía rompiendo un patrón familiar.

Mi papá fue el mayor de los hombres de su familia era el segundo (aunque debió ser el 4º pues a mi abuela le fallecieron de pequeños un hombre y una mujer), al tener el papel del primer varón, mi abuelo se encargo de conferirle grandes responsabilidades desde que era pequeño.

Él dejo de estudiar la primaria a petición de mi abuelo quien lo obligo a salir a la calle a “desquitar lo que en su casa comía”; desde entonces comenzó el distanciamiento entre mi padre y mi abuelo. Conforme mi padre creció vivió violencia física por parte de mi abuelo, le toco ser testigo de más de una infidelidad que él hacía, incluso saber que se había casado con más de una mujer. Con mi abuela no se casaría hasta cumplidos, casi, los 90 años. Esta desvinculación lo llevo a refugiarse en el alcohol.

Recuerdo que en una ocasión, precisamente en estado de ebriedad mi padre me confesó el rencor que tenía para con su padre, el sabía que tenía que perdonarlo, pero no sabía cómo y no creía ser capaz de hacerlo y la razón por la cual no podía el expresar sus sentimientos a otras personas, parejas, su hijo; era por el trato que su padre le dio, si él no había recibido amor, no se sentía capaz de poderlo compartir.

Durante mi infancia mi padre fue muy ausente, mi mamá no vivía con nosotros y el tenía que trabajar, por lo que yo solo lo veía durante las mañanas, antes de irme a la escuela y por las noches, cuando regresaba de trabajar. Por parte de mi padre nunca vi que, comportamientos atribuidos a mi abuelo, fuera repetidos en mi casa, mi padre nunca me golpeo ni recuerdo que me hubiera gritado, sabía, y aún sabe, que tono de voz utilizar para mostrar su desacuerdo con algo y hacer algún reproche por ello.

Si mi padre hubiera repetido patrones familiares, es probable que yo no estuviera escribiendo esto, de él he aprendido muchas cosas pero golpear, ser un hombre agresivo o un mujeriego, él nunca lo mostró.

A veces me gusta pensar que mi papá, al comenzar a romper ese patrón familiar, dio pie a que yo tuviera este tipo de crisis, pues es una persona que no sabe expresar sus sentimientos, pero, paulatinamente se ha abierto al intento de hacerlo. Se le dificulta por el rencor acumulado, pero lo intenta.

Por mi padre fue que comencé este blog, sentía que necesitaba sanar ese vínculo pues, al ser una figura ausente, necesitaba comenzar a acercarme a mi papá, comenzando por mi masculinidad para intentar descubrir si, en ese camino, podía encontrarlo. Mi padre siempre ha estado ahí conmigo, pero se que lo que no me dejaba verlo fue centrarme en la ausencia de mi madre.

Si, para poder descubrir mi masculinidad y la fuerza y energía que ello implica no solo debía acercarme a mi padre, sino también a mi madre, en realidad a ambos, a los dos juntos y al mismo tiempo, eso lo descubrí en constelaciones familiares. Ahora, corresponde hablar de mi madre.