21 oct 2011

Ausencia, silencio, contención

El por qué de mi ausencia en este blog:

Después de organizar un taller que me permitió ver algunas cosas de mi vida que explican parte de mi comportamiento, cómo la perdida de mi rol masculino en mi hogar, mi falta de carácter ante mi pareja y otras cosas; llego el momento de la acción y ¡vaya que ese momento es el difícil!

Mi pareja también asistió al mismo taller, a veces me gustaría que ella viera lo mismo que noto, éso que me hace esperar que ella también intente recuperar su rol de mujer y yo el de hombre, pareciera que, mientras uno de nosotros no haga un movimiento, no se preste a la acción, las cosas seguirán igual, para mi es necesario hacerlo, creo que para ella también. 

El por qué de mi silencio en este blog:

Ante esta posibilidad de cambio, lo que me ha hecho detenerme es mi estructura mental, no cuestionando el cambio que vienen y que es necesario, sino que ocurrirá después, eso me hizo ver que, ene efecto, hay un cambio en mi, acepto que debo re-ocupar ese rol, que merezco ese rol que es mio y que me pertenece, en pocas palabras, se que debo de ocupar mi lugar, pero ¿y después, qué viene? Comparto con ustedes una duda que me gustaría poder escuchar sus comentarios, no busco respuesta, busco diálogo, se que somos muchos hombres así y nos sería de gran ayuda poder compartir estos pensamientos.

Si logramos equilibrar los roles de género, sin que el hombre ocupe el lugar de la mujer y viceversa, ¿ambos pueden ser proveedores de la casa, sin que exista una competencia por quién gana más?

No es la primera vez que toco este tema, ya hice una entrada al respecto, el asunto es que es un problema tan común que incluso ya dio pie a una película que me recomendaron ver, "Triste San Valentin" (Blue Valantine). Misma que me dejo muy reflexivo y si, podría dar más razones del por qué me gusto, pero me siento tan identificado con el tema que me es muy difícil verla desde fuera.

Suelo ser muy mental y me cuesta trabajo bajar a la acción, tanto reflexionar y tantas ideas para plasmar en este blog me han hecho no escribir nada.

El por qué de mi necesidad de contención:

Una vez que vi la película de "Triste San Valentin" (Blue Valantine), profundice en algo que trabaje en el taller al que asistí a principios de octubre. Quién lo impartió me dijo "Estas lleno de ira, la tienes toda acumulada y no sabes cómo sacarla, pero necesitas hacerlo." Nunca había reparado en que pudiera tener ira acumulada. Si, mi vida no ha sido lo que podríamos decir fácil en muchos sentidos y, en gran medida, aprendí a controlar esos impulsos metiéndome en filosofías y tradiciones espirituales, pero es una energía fuerte la que vengo cargando y él me lo hizo notar. 

No es una ira que solo se acumuló por mis experiencias de vida, en mi  árbol genealógico existen muchos reclamos sutiles y explícitos hacía la mujer. En realidad es algo que viene sucediendo, no solo a mi, también es algo común en nuestra sociedad. En la película que he venido mencionando también se logra notar, aunque no se profundiza en ello, como el personaje masculino carga con ira acumulada que va controlando. ¿Cómo no reaccionar así, cómo no guardarla cuando a los hombres no han querido enseñar a estar en contra de la mujer?

La conclusión:

Si, hay muchas cosas que tengo que trabajar y seguir acomodando, pero principalmente tengo que comenzar actuando.

¿Creen que, en efecto, socialmente tenemos los hombres esa ira contra las mujeres? ¿Cómo consideran que terminé el replanteamiento de roles que se está gestando en nuestra actualidad? ¿Algún día terminará el replanteamiento de roles?

22 sept 2011

¿Amistad entre hombres y mujeres?

Hace unos días tuve una discusión con mi pareja a causa de una amiga que tengo pero, antes de continuar les cuento un poco de donde viene esto.

Cuando inicie mi relación con mi pareja actual yo me encontraba viviendo al norte de la república y ella al sur del continente, así que empezamos una relación virtual, gracias a que teníamos cerca de 7 años de que nos habíamos conocido. Mientras ella estaba en otro país en mi ciudad me dedique a apoyar a alguien que conocí en un curso de desarrollo humano que yo impartía, vi en ella el potencial que no estaba explotando y me di a la tarea de querer ayudar a despertarlo. Esto hizo que yo me confundiera en mi relación y que pensara que había encontrado a otra persona. En las peores circunstancias termine la relación, cuando ella necesitaba apoyo para el cambio de país y su llegada a México fue cuando me aleje. Lo hice también de la otra persona, cometí un error y lo reconocí. Tarde 3 meses en encontrar la manera de corregir lo que había sucedido, pero afortunadamente lo logre.

Comencé a dar clases y de ahí conocí a una chica a la que empece a tratar como paciente, note que la relación iba cambiando, lo noto mi pareja y en una terapia en conjunto se opto por dejar clara esa relación, por lo que quien fuera mi paciente se convirtió en mi amiga, de esas amistades que uno ve de vez en cuando, no continuamente. Después de ese momento y en otra terapia me percaté de un es quema que suelo presentar. Me muestro muy amigable, protector y comprensivo sobre todo con mujeres vulnerables ya que busco engancharme con ellas por la falta de cariño. Me conecto y me engancho a quienes buscan algo similar. El detalle con eso es que, si bien es algo que hago seguido, si mantengo ese mismo comportamiento por mucho tiempo me aburro incluso, a veces, me llego a desesperar y a dar por terminada la relación.

Platicando esta situación con mi terapeuta llegue a la conclusión de que quería cambiar esa postura y trabajamos en ello, la última persona con la que lo había aplicado era con la reciente ex-paciente, ahora amiga. Pasaron 3 meses sin que tuviera mucho contacto con ella, cuando necesite que me hiciera un favor y nos vimos algunos minutos. Cuando mi pareja actual se entero pensó lo peor de nosotros, experiencia que nos llevo a comunicarnos, dejar claro esta situación y que ayudo a que mi pareja descubriera un nuevo tema que trabajar y ami la necesidad de reforzar con todas mis relaciones esa idea de cambio de comportamiento y no atarme solo por la necesidad de afecto.

Una de las cosas que platicamos durante esta experiencia fue que mi pareja no cree que puedan existir amistades entre hombres y mujeres, de mi parte considero que si. Si, creo que en una amistad existe cierto grado de atracción, pero creo que también esa atracción no necesariamente terminará en un impulso, ¿de qué depende? Desde mi perspectiva es cuestión de enfocarlo. Si, tanto hombres como mujeres (principalmente los hombres) nos podemos dejar llevar por nuestros impulsos cuando estos no han sido educados o restringidos y se enfatiza mas en los hombres por que es a los que la sociedad educa para que a así los exprese. 

Creo que si puede existir amistades entre hombres y mujeres. Las personas en las que más confío y con quienes hablo más de mi son, principalmente mujeres. Se lo que me llevo a entrar en contacto con ellas, pero busco una amiga no una madre que me proteja, por eso con ninguna de ellas no tengo, ni busco una relación de pareja.

¿Creen que pueda existir amistad entre ambos sexos? ¿Creen qué sólo los hombres nos acercamos a las más mujeres por esa necesidad de afecto que tenemos?

5 sept 2011

Mi madre


Cuando inicie mi desarrollo espiritual siempre lo relacione con filosofías y movimientos que se relacionaban con la figura de la Diosa madre. Buscaba enaltecer mi lado femenino, trabajarlo, honrarlo. Pasaron algunos años cuando entendí de donde venía esta búsqueda por lo femenino y por la cual me aleje de conceptos masculinos.

De niño mi madre no vivió con nosotros. Tenía diez días de haber cumplido los diecinueve años cuando yo nací. Mi padre, en ese momento, tenía 12 años más que ella. Fue difícil que un adulto pudiera estar con alguien tan joven y más cuando ella pierde, en menos de un año, a su madre/abuela y a sus dos hermanos mayores; la relación no duro mucho.

De niño la ausencia de mi madre busco ser compensadas con varias tías y con mi abuela, pero si, en más de una ocasión me hacía falta su presencia. No fue sino hasta los doce años que volví a tener un contacto más continuo y, por fin, a los trece años, regresé a vivir con ella. Cuando estuve haciendo una serie de recapitulaciones de mi vida entendí el proceso que me llevo a conectarme con mi lado espiritual desde lo femenino: la ausencia de mi madre. Esto aparenta tener todo un contexto freudiano, así como muchas relaciones de los hombres, y considero que si lo tiene aunque no en los conceptos del psicoanálisis más ortodoxo.

Todos los hombres nos relacionamos con las mujeres tomando como referente la interacción con nuestra madre. Aunque es costumbre que sea ella quién nos educa en casa y quién nos transmite toda la información cultural; (incluso, dicen, aquella relacionada con el machismo) hay ocasiones en que esto no se cumple del todo, pues nosotros también aprendemos de lo que observamos.

Se podría haber pensado que yo debería tener rasgos más machistas por el hecho de vivir solamente con un hombre pero, aparentemente no fue del todo así. Quizás fueron las filosofías y prácticas en las que estuve involucrado las que ayudaron a alejarme de ello, pero creo que si influyo el no tener presente a mi madre.

Recuerdo que mi padre, cuando era niño, me hablaba de mi madre pidiéndome que no la olvidara que ella me quería y que nadie podía sustituirla. Nunca he escuchado que hable mal de ella o de cualquier otra mujer, con excepción de algunas de sus hermanas, pero eso es por conflictos entre ellos, el asunto es que siempre considere que si hubo alguien que me ayudo a relacionarme con las mujeres fue mi padre y si, buscaba tener contacto con mi madre a través de las figuras maternas espirituales a las que honraba. Mientras yo buscaba hacer rituales y ceremonia a la madre tierra, algunos de mis amigos, o conocidos, iban de cama en cama o de faje en faje, buscando sustituir esa falta de amor materno.

Siempre nos hace falta esa interacción con la madre, si. En ocasiones la sustituimos con nuestras relaciones o con nuestras costumbres pero al final la prolongamos hacía nuestras parejas, sean estables o efímeras. Es por esto que, muchas veces, un hombre busca a una mujer que sea su nueva mamá. Llego un momento en que entendí esta parte en mi vida, como la usaba, como se aplicaba en mis relaciones y decidí no tener parejas durante un tiempo. Tenía miedo de repetir patrones culturales hasta que entendí que uno puede hacer algo distinto con ellos.

MI padre y mi madre, con sus herramientas y como mejor pudieron, construyeron una moneda con dos caras, la masculina y la femenina. A veces me inclino hacía una o hacía otra, pero ambas viven en mi. Si, la falta de amor materno me hizo siempre inclinarme más a la femenina, pero existe la otra, la masculina, tanto por educación en casa como aprendizaje cultural y es con ella con quien me quiero reconciliar para poder ser un hombre nuevo. Aunque, creo, desde ahjora he comenzado a hacerlo, ¿Ustedes que creen?

Hace tiempo leí en un libro que nuestra mundo cambiaría hacía una sociedad más cooperativa que permitiera el equilibrio, desarrollo e interacción de ambos géneros de una manera más equilibrada. Dicho libro decía que era un proceso que ya había vivido la humanidad y, por ende, era capaz de repetirlo. El libro se llama “El caliz y la espada” de Rianne Eisler ¿Lo han leído?

1 sept 2011

Mi padre


La educación de cada uno de nosotros comienza en casa, a partir del núcleo familiar es que podemos repetir patrones culturales que vienen establecidos de tiempo atrás. El machismo, forjado en la estructura patriarcal de nuestra sociedad occidental, no es la excepción de esta regla. Lo recibimos por nuestros padres, algunos pueden decir que es la madre quien lo transmite y lo preserva, la realidad es que lo hacen ambos. De niño, uno necesita la figura paternal, representada por el padre, el tío, el abuelo, o quien sea, tanto como la figura maternal con la madre, la tía, la abuela, en fin.

En mi caso, no se si fue la ausencia de mi madre la que provoco que no tuviera una imagen clara de cómo tenía que comportarse un hombre o bien, que mi padre venía rompiendo un patrón familiar.

Mi papá fue el mayor de los hombres de su familia era el segundo (aunque debió ser el 4º pues a mi abuela le fallecieron de pequeños un hombre y una mujer), al tener el papel del primer varón, mi abuelo se encargo de conferirle grandes responsabilidades desde que era pequeño.

Él dejo de estudiar la primaria a petición de mi abuelo quien lo obligo a salir a la calle a “desquitar lo que en su casa comía”; desde entonces comenzó el distanciamiento entre mi padre y mi abuelo. Conforme mi padre creció vivió violencia física por parte de mi abuelo, le toco ser testigo de más de una infidelidad que él hacía, incluso saber que se había casado con más de una mujer. Con mi abuela no se casaría hasta cumplidos, casi, los 90 años. Esta desvinculación lo llevo a refugiarse en el alcohol.

Recuerdo que en una ocasión, precisamente en estado de ebriedad mi padre me confesó el rencor que tenía para con su padre, el sabía que tenía que perdonarlo, pero no sabía cómo y no creía ser capaz de hacerlo y la razón por la cual no podía el expresar sus sentimientos a otras personas, parejas, su hijo; era por el trato que su padre le dio, si él no había recibido amor, no se sentía capaz de poderlo compartir.

Durante mi infancia mi padre fue muy ausente, mi mamá no vivía con nosotros y el tenía que trabajar, por lo que yo solo lo veía durante las mañanas, antes de irme a la escuela y por las noches, cuando regresaba de trabajar. Por parte de mi padre nunca vi que, comportamientos atribuidos a mi abuelo, fuera repetidos en mi casa, mi padre nunca me golpeo ni recuerdo que me hubiera gritado, sabía, y aún sabe, que tono de voz utilizar para mostrar su desacuerdo con algo y hacer algún reproche por ello.

Si mi padre hubiera repetido patrones familiares, es probable que yo no estuviera escribiendo esto, de él he aprendido muchas cosas pero golpear, ser un hombre agresivo o un mujeriego, él nunca lo mostró.

A veces me gusta pensar que mi papá, al comenzar a romper ese patrón familiar, dio pie a que yo tuviera este tipo de crisis, pues es una persona que no sabe expresar sus sentimientos, pero, paulatinamente se ha abierto al intento de hacerlo. Se le dificulta por el rencor acumulado, pero lo intenta.

Por mi padre fue que comencé este blog, sentía que necesitaba sanar ese vínculo pues, al ser una figura ausente, necesitaba comenzar a acercarme a mi papá, comenzando por mi masculinidad para intentar descubrir si, en ese camino, podía encontrarlo. Mi padre siempre ha estado ahí conmigo, pero se que lo que no me dejaba verlo fue centrarme en la ausencia de mi madre.

Si, para poder descubrir mi masculinidad y la fuerza y energía que ello implica no solo debía acercarme a mi padre, sino también a mi madre, en realidad a ambos, a los dos juntos y al mismo tiempo, eso lo descubrí en constelaciones familiares. Ahora, corresponde hablar de mi madre.

30 ago 2011

Presente y pasado reciente (Mi crisis masculina 3)


Hace poco más de 4 años me separe de quién era mi esposa y cometía algunos errores durante ese proceso. El primero de ellos fue quejarme de todo aquello que no hice y de lo que deje de hacer a partir de que vivimos nuestra relación. La reacción natural de parte de varias personas a mi alrededor fue decir que había sido lo mejor que hubiera hecho, otros, incluso, llegaron a comentar que lo mejor fue haber dejado a tras esa relación donde no podía ser yo mismo. Me hubiera gustado más que la gente escuchará, no solo lo que había dejado de lado sino que siempre dije que había sido mi decisión, que ella nunca me forzó a cambiar nada si lo hice fue porque yo lo elegí y no porque me obligarán. Su pongo que es natural que no lo escucharán cuando estamos acostumbrados a que, al terminar una relación, uno de los dos o ambos se lleguen a quejar de lo que vivieron en esa relación.

Quizás si fuéramos más comprensivos con cada una de nuestras relaciones no tendríamos porque quejarnos de ella una vez que terminamos, cada uno de nosotros debería ser capaz de asumir la parte de culpa que le corresponde por el término de una relación y, así, no quejarse ni tratar de humillar, desprestigiar, desvalorizar y un sinnúmero de etcéteras, a nuestra ex pareja. Claro, esto sería mucho más fácil de llevar a cabo cuando la relación terminará de mutuo acuerdo, pero cuando uno de los dos termina sin que el otro lo espere no es fácil, y tampoco creo que se desee, tratar de evitar hablar mal de la otra persona. Quizás es lo único de lo que me arrepiento al haber terminado con mi ex, que al haber sido tan intempestivo el fin de la relación, no había razones claras que permitieran compartir la culpa entre ambos, decir que son errores que cometí fue quedarme muy corto, si los hubiera especificado………………. El hubiera no existe, espero que, ya ahora, ella haya podido encontrar alguna razón que le ayude a entender los errores que ella pudo haber cometido. Yo no fui capaz de encontrarlos, solo vi los mios.

Hoy en día en una nueva relación estable y con un nuevo futuro me siento que, quizás, podría estar repitiendo errores similares a los que yo cometí en mi relación pasada, ese fue una de las tantas razones que me llevo a tomar terapia hace más de un año, quería vivir algo distinto en mi relación, ya venía observando patrones similares y me daba cuenta del miedo que tenía a estar solo. Reconocer que eso me llevo a elegir a mi pareja actual no fue difícil, recuerdo a mi terapeuta que me decía que dejará de mirar al pasado, que me centrará en mi presente y si, tenía razón. Si lo que quiero es vivir una vida diferente, una relación de pareja diferente debo de centrarme en lo que deseo hacer ahora.

Si le dijera a ella, a mi pareja actual, que no deseo continuar la relación porque no me siento capaz de ser “el hombre de la casa” porque ese papel no me gusta, que deseo ser quien pueda compartir gastos por igual, incluso que no me importa que gane más que yo. Si pudiera decirle que mi relación anterior la termine porque no quería seguir haciéndome cargo de una casa y que no deseaba hacer pasar a una mujer por esa situación donde ella tuviera que encargarse de todo. No lo he dicho por que, después de todo, a ella ya le toco hacerse cargo de la casa mientras yo no tenía trabajo y sé que no le fue fácil hacerlo pues sus expectativas eran otras y, sin embargo, sigue aquí.

Ahora que ya tengo un trabajo donde obtengo dinero de manera más estable, no como ella quiere, o quizás si, nunca se lo he preguntado; siento que las cosas pueden ir mejorando. Se que alguna vez me dijo que le gustaría saber que se siente no estar a cargo de la responsabilidad de una casa o de ella misma, desde que la conozco siempre ha sido la encargada de llevar dinero a su hogar, tanto viviendo sola como cuando estuvo casada con su ex, no se si llegue el momento en que esto ocurra, desconozco si terminaré haciéndome cargo de todos los gastos de la casa, pero se que este cambio nos ha ayudado a ambos.

Recuerdo que mi ex, en algún momento de nuestra relación, me dijo que ella esperaba que la cuidara más, que la protegiera más, que tuviera un comportamiento más tradicional de hombre, pero reconoció que eso no era posible y aún así siguió conmigo. Ahora vivo algo similar, no relacionado con el comportamiento (¿o si?), pero si con las costumbres, ella ya sabe que no me gustaría hacerme cargo totalmente de los gastos de una casa y aún así sigue conmigo.

En efecto, no debería de seguir volteando al pasado, debo ver mi presente y más ahora que esto se convierte en algo más formal, mi reacción ante o que viene, puede ser miedo al compromiso a repetir errores, a muchas cosas pero, hasta el día de hoy, nunca he dejado que el miedo me paralice.

26 ago 2011

El príncipe que quise ser (Mi crisis masculina 2)

Ver el pasado e intentar modificarlo, en ocasiones, nos aleja mucho de la realidad. Cuando veo cada una de las entradas que escribo en este blog, miro la manera de expresarme y pienso que cada situación habla de mi, pero no siempre se escucha así.

Quisiera pensar que, en efecto, hay más de un hombre que se siente en una situación similar a la mía. Me gustaría escuchar o leer a alguien que pudiera decir cosas similares a las siguientes.

Yo siempre he pagado la cuenta en la primera cita por miedo al rechazo. Si, soy un caballero pero eso no me obliga a hacer cosas para intentar agradar a alguien más. Pareciera que mi postura de ser hombre siempre esta apegada a un rol del cual, si me salgo de el, no seré aceptado por la sociedad. No me es difícil mostrar fortaleza ante los demás, pero me es difícil reconocer que esta no siempre es real.

Recuerdo que con mi ex esposa en alguna ocasión me reclamo mi falta de celos y mi carácter débil. En ocasiones esperaba que le reclamara, aún no tengo claro en que tono, a otro hombre el que la mirará, no le pusiera atención o simplemente le hiciera algo que le desagradará. Eso fue una discusión que me abrió mucho el panorama de cómo soy. Si, quizás no tengo el carácter fuerte y explosivo que caracteriza a muchos hombres pero no por eso soy débil o es fácil aprovecharse de mi. Ella me decía que esperaba que yo la protegiera más, pero quizás no sería así. Es verdad, no soy el hombre que suele pelear por el orgullo de su dama, no soy aquel príncipe o caballero (ambos términos feudales, por cierto) que limpiara el honor y orgullo de su dama o de su hogar. Sin embargo creo que en ocasiones, al iniciar una relación me muestro así.

Creo que la razón por la que mi círculo principal de amistades son mujeres es por lo que muestro al comenzar a desenvolverme. Aparece un hombre cálido, tierno, comprensivo pero la parte difícil es mantener ese comportamiento. Hasta hace muy poco, en terapia, caí en cuenta que esto solo lo hago con el fin de agradar, acercaba a las personas con el fin de sentirme protegido, acompañado, no sentirme solo. Si mostraba una característica diferente de cualquier otro hombre resultaba ser el mejor amigo para algunas mujeres y yo me quedaba como el amigo que nunca sería novio de su amiga.

En más de una ocasión me hice amigo de aquellas chicas que me gustaban, no sabía conquistar a una mujer y creo que, hasta la fecha aún no lo sé hacer. Busco que se den ciertas condiciones y aprovecho algunos momentos pero hacer todo un plan de conquista me es muy difícil.

He querido comportarme como ese hombre protector que muchos quizás ven en un principio en mi, he deseado poder ser ese caballero que sabe consentir a su pareja con un detalle diario para mantener una relación continua y que se nutre a cada momento. Pero a veces me es muy difícil.

A los hombres nos enseñan a no mostrar debilidad ante más de una situación, ¿cómo decirle a una persona que, lo que estamos viviendo, a veces me resulta pesado y difícil de sostener? En ocasiones me pesa sostener los gastos de una casa, tener que estar quedando bien con alguien diariamente por miedo a que me deje o por que pueda pensar que ya no la quiero o ya no la amo.

Si algo he aprendido es hacerme responsable de lo que cada uno hace y si algo me quedo claro en terapia y en una de mis últimas lecturas es que todos nos unimos en pareja para intentar cubrir las deficiencias emocionales que muchas veces tenemos. Ya lo veo claramente y si, reconozco que siempre he actuado para mostrar a una príncipe que rescatará a su pareja, siempre quise ser ese modelo de hombre, aunque a veces también espera que alguien me rescatará de ese papel. Hoy ya no deseo rescatar y ser rescatado, deseo que mi relación sea más equilibrada y que ambos caminemos sin tener que estar sosteniendo al otro, solo acompañándolo ¿Se podrá?

24 ago 2011

El príncipe valiente


Para describir las relaciones de pareja se pueden usar diferentes metáforas, una de las comunes suele ser la de los cuentos de hadas, aquellas que describen a la princesa o plebeya que espera encontrar al príncipe azul que la rescate o la lleve a esa relación en la que vivirán “felices para siempre”. He visto que se analiza mucho el papel de la mujer dentro de los cuentos de hadas, pero no conozco un trabajo que haga lo mismo con el papel del hombre.

Pensando en el hombre en esta representación del príncipe de cuento de hadas vemos que dentro de estas historias el hombre siempre tiene que hacer gala de sus rasgos más viriles para lograr no solo conquistar a la mujer sino terminar desposándola. Para poder hacer la comparación entre el cuento y la vida cotidiana, comenzaré por analizar la premisa de la historia. Si pensamos que el hombre que tiene que conquistar a la mujer es un príncipe, tenemos que la figura masculina posee ya un estatus, es decir, posee las características adecuadas para causar admiración, ya sea por la posición económica que tiene o por la posición de poder en la que se encuentra o ambas. Los príncipes modernos, para llamar la atención de la mujer, quizás ya no tienen un castillo enorme, pueden tener un pent-house, un auto (no importa el modelo) un trabajo que de un reconocimiento o la posibilidad de mostrarse superiores ante cualquier otra persona, en pocas palabras, un hombre debe de tener motivos por los cuales presumir y dar pie a sentirse admirado. Claro que deberá mostrar estas características el mayor número de veces que pueda, actualmente lo hacemos pagando la cuenta de los lugares a los que invitamos a salir a la pareja (como buenos caballeros), si estamos con otros de nuestros amigos incluso ellos colaboran a mostrar que podemos ser muy buenos para desempeñar algunas actividades por los que ellos nos admiran y respetan, es decir con todo ello nos empoderamos con una posición de poder y si, muchas veces nos colocamos en un nivel de superioridad.

Cómo buenos príncipes debemos ser capaces de poder enfrentar y manejar todas las situaciones que se nos presenten, desde pelear con otro hombre, con un animal o con un dragón, cualquier acción que pueda reforzar y enaltecer nuestra virilidad y masculinidad será propicia para causar el efecto de admiración que buscamos en la mujer. Actualmente no hay dragones, pero siempre buscamos el modo de mostrarle a le mujer que ella será capaz de contar con nosotros en todo aquello que necesite, que podemos protegerla de cualquier peligro y que la defenderemos, hasta las últimas consecuencias, de todo aquel que ose ofenderla.

Cuando un hombre se sabe y se siente admirado, en entonces que comienza a desarrollar una atracción hacía la mujer, misma que muchas veces es correspondida. Actualmente aún hay algunos espacios en nuestra sociedad que buscan mantener este esquema donde el hombre es fuerte y valiente, como buen príncipe. Pero hay un lado de la historia que aún nos falta por analizar.

El príncipe que es capaz de mostrar su hombría de príncipe valiente tiene, al menos en los cuentos, su vida ya resuelta, no tiene que buscar casa, no tiene que buscar trabajo, pues su posición económica y estatus le permiten tener todas estas complicaciones ya resueltas. Sentimentalmente se encuentra fuertemente ligado al lecho familiar, del cual no sale hasta el momento en que se casa. En varios casos se le permite la libertad que la mujer no tiene, viajes y salidas que una mujer no haría y relaciones ocasionales que se guardan como secreto con el fin de que llegue la mujer indicada para él.

En la actualidad los hombres aún buscamos ser ese príncipe valiente que ayude y proteja a la mujer que amamos o a la que deseamos amar. Ya sea que busquemos ser admirados mostrando nuestra hombría con algún acto valiente, agresivo, osado o mostrado nuestro poder económico o bien, mostrando que, aunque no seamos agresivos podemos dar esa seguridad y tranquilidad que la mujer “necesita”.

Si, como hombres nos tenemos que sentir y saber admirados para que la atracción que tengamos hacia otra mujer sea concreta y correspondida, es decir podamos saber que estaremos con esa mujer y ella con nosotros. El detalle con esta situación es que a veces a nosotros como hombres nos da pie a tener relaciones de pareja con quienes nos admiran por lo que proyectamos, creyendo incluso nosotros mismos que solo somos esa proyección del príncipe valiente, encantador y azul, por lo que podemos tener una o varias relaciones guiados por esta afá de admiración. Se diría que tenemos que reforzar nuestra virilidad con tantas relaciones, pero va más allá de ello, necesitamos reforzar nuestra seguridad interior, nuestra seguridad personal que fortalece nuestra autoestima.

Habrá que ser honesto, como hombres no estamos preparados para llevar el papel del príncipe, se nos ha ofrecido un reino para el cual no se nos ha enseñado como conducir y en la actualidad ese papel esta en desuso, tenemos que aprender un nuevo rol.

Podría ampliar aún más este tema y quizás lo haga más adelante pero esto es un blog, no un libro. ¿Qué mas detalles podrían dar acerca de los hombres que se creen príncipes de cuentos de hadas?